Mileuro XXI
¿Qué clase de seres humanos han conseguido criar nuestros padres?. ¿Qué clase de hijos vamos a criar nosotros?. ¿Es ésta una generación perdida?. ¿Hemos creado una avalancha de inmaduros eternos, de adolescentes perpetuos?. Lo que más me intriga ya no son las próximas generaciones. Trato de reflexionar sobre la mía.
En estos momentos en los que se habla diariamente de una supuesta crisis1 oigo no sólo noticias, sino los comentarios de muchas personas que no llegan a fin de mes. Desde hace unos meses una lectora de “El País” puso en nuestro vocabulario el término “mileuristas” y ahora forma parte del discurso de los políticos y los periodistas. Hablamos de una masa de jóvenes con una formación muy avanzada, pero con sueldos bajos, tanto que les hubiera dado lo mismo estudiar una carera superior que una formación profesional. Hablamos de una generación cuya renta se volatiliza con las cuotas de una hipoteca o con los pagos de una tarjeta de crédito. Se oyen porcentajes que asustan. Se comenta que existen personas que recurren al crédito personal o las tarjetas para poder cubrir las cuotas mensuales. ¿Qué clase de hombres y mujeres son éstos?.
El mundo que hemos construido se basa en el consumo. Un acto que debe ser continuo, irracional, compulsivo, ciego... El capital nos ha enseñado a ser felices así, a sentirnos completos en un fin de semana en el centro comercial agotando nuestros recursos. Por otro lado, el propio capital nos nutre con recursos cada vez más menguantes a cambio de mayores porciones de nuestras vidas, de nuestras almas.
Es un escenario curioso. Lo veo en los medios de comunicación. Los afectados por el incremento del tipo de referencia hipotecario más importante en España2 dicen que no llegan a fin de mes. Nos muestran sus casas reducidas, pero con pantallas de plasma, reproductores-grabadores DVD, Ordenadores portátiles de último modelo, sofás de piel carísimos, duchas con hidromasaje, placas de inducción, hornos pirolíticos, frigoríficos combi estilo americano, móviles blackberry, coches extremadamente potentes, caros y despilfarradores con GPS y Bluetooth, ropas de firma, zapatos de importación...Sus caras están tristes ante las cámaras de televisión porque deben más dinero del que pueden ganar. Todo empezó cuando un viernes por la noche fueron de cena y cuando fueron a pagar el camarero les dijo que las tarjetas no eran válidas. Después llego la comunidad de vecinos, Hacienda, los bancos...
¿Qué clase de locura es ésta?. ¿Por qué he de tener pena?. ¿No serán ellos los culpables de todo ésto?. ¿Os sorprende mi conclusión?. No deberíais...
Hace meses (para mí años) se habla de la crisis hipotecaria, de la burbuja inmobiliaria, etc... Más recientemente se ha oído hablar de las Hipotecas “Subprime” estadounidenses. Un tipo de préstamo que en realidad esconde préstamos sin garantía suficiente o incluso hipotecas de las hipotecas. Alguien soltó alegremente que en España no había de eso. “A fin de cuentas los bancos no conceden más del 80% del valor de tasación de las viviendas” decían. Sinceramente, no sé que clase de personaje se puede conformar con ese argumento. ¿Acaso no viven en este mundo?, ¿no saben que las casas se sobrevaloran?. Teóricamente los bancos conceden préstamos analizando las fuentes de ingresos de los prestatarios (que la propia vivienda es garantía es una soberana sopla pollez porque los bancos no quieren convertirse en inmobiliarias, quieren seguir prestando más y más dinero), o al menos eso dicen las instrucciones de los Bancos centrales. ¿Cómo se ha llegado a que personas se encuentren con que las cuotas de sus hipotecas superan el 80% de sus ingresos? ¿es por los sueldos han bajado desde que se les concedió el préstamo?¿no será porque la cuota ya suponía más de la mitad de sus ingresos?... definitivamente, en España hay un gran porcentaje de hipotecas “subprime”. Si a la cuota del préstamo sumamos el consumismo del que hablaba hace un par de párrafos; ya la hemos liado.
Cuando se habla de la burbuja hipotecaria se habla de especulación, de aumento de las ganancias de las constructoras o promotoras, se habla del aumento de ingresos por impuestos, se habla de la corrupción, se habla de pelotazos, se habla del vecino que decide subir el precio de su casa porque su vecino vendió el suyo por una determinada cifra. Sólo hay una cosa que ha hecho subir el precio de los inmuebles y nos ha llevado a este escenario que algunos disfrutan denominando “de crisis”: la estupidez humana.
Sí. La estupidez. No la avaricia... la estupidez es el motor.
Estúpida es esa pareja de jóvenes que se compra un piso en una gran ciudad. Es el primer acto de estupidez (no voy a hablar de los alquileres porque no pretendo llegar ahí). Lo peor es que un cúmulo de actos estúpidos ha alimentado la avaricia de corruptos, especuladores, avariciosos, mentirosos, estafadores y la rueda de la economía capitalista ha hecho el resto. Resulta estúpido comprometerse con un préstamo a 40 años cuando lo que pagas en los primeros meses es más de un 80% de intereses y supone una cuota tan alta que los prestatarios deberán llegar al final y para entonces habrán pagado dos o tres veces su casa. Me refiero a una cuota que es soportable mientras los dos jóvenes conserven su empleo. En cuanto uno lo pierda el castillo de naipes se habrá venido abajo. Ni que decir tiene que en un panorama de ultra-consumismo no existe ahorro, por lo que si la situación de desempleo persiste la cosa se pondrá más grave. Siempre queda el socorrido salvavidas de la venta de la propiedad. Les podemos desear suerte porque el tiempo que tienen para hacerlo es igual a la prestación por desempleo, pero la media del plazo de venta, al día de hoy, supera los seis meses. También está el socorrido: “Pues que subasten las casa”. Malas noticias. Cuando firmaron el préstamo no se dieron cuenta de que el préstamo no se limita a la hipoteca, sino a todo su patrimonio, presente y futuro. Si bien cuando tasaron la casa la sobrevaloraron, el tipo de tasación, que es el mismo que el tipo de subasta, ha permanecido inalterado todo el tiempo durante el que han estado soñando que tenían una vivienda. Por tanto, la casa saldrá por un precio presumiblemente inferior al de mercado y, peor aún, es probable que con tantos embargos y sobre oferta en el mercado tengan que subastar el inmueble por menos de lo previsto. Al final no hay vivienda y persistirá la deuda (hay que pagar los abogados y las costas, además de los intereses y recargos).
Actos estúpidos como éstos hacen que el precio de la vivienda suba. Gente que nunca debió comprar porque realmente nunca pudo hacerlo hacen que el precio de la vivienda se eleve con una demanda falsa. Luego la “mano mágica” de Adam Smith hace el resto. Por cada acto estúpido el precio sube y gente que pudo comprar a precios correctos ya no podrá comprar, pero aún así los bancos les harán entrar en la picadora y ellos se sumarán a la cadena de actos estúpidos. Pero lo peor de todo es que incluso los que no son culpables de nada porque o bien alquilan, o bien pueden pagar la cuota del préstamo porque sencillamente no han comprado en la ciudad de sus sueño, o bien ya pagaron su préstamo, vivirán la “crisis” que han provocado otros y ya sabrán a quien echar la culpa cuando les despidan porque su empresa se va al garete.
Llamar estúpidos y echar la culpa a esas personas es un acto de legítima defensa.
No puedo creer que cuando les preguntas porque no se quedaron en casa de sus padres te digan que tenían que comprar una vivienda. Nunca pudieron comprarse nada, nunca se pudieron permitir vivir en una vivienda que se había disparado por encima de sus posibilidades, tal vez en otra provincia, tal vez en Badajoz o en Lugo, pero no cerca de sus padres y amigos. Nunca pudieron comprase todos esos muebles y aparatos electrónicos, o al menos de una sola vez. Sus padres lucharon comprándose un piso pequeño y un coche pequeño y justo después de toda una vida de sacrificios pueden tener algo. Esta especie quiere llegar hasta donde están sus padres en unos pocos días.
Cuando ahora se habla de la nueva asignatura de “Educación para la Ciudadanía” tal vez deberían incluir otra más: “Educación para el Consumo y el Medio Ambiente”
¿Esta es mi generación? Me quedo con la de mis padres, con menos carreras, menos dinero y más madurez.
Oremos...
1En términos técnicos existen diferentes palabras para categorizar lo que estamos viviendo y van desde recesión hasta la que está más de moda: crisis. ¿Cual corresponde?.
2Tal vez haya que recordarlo pero el EURIBOR es un índice que da la referencia de las operaciones de préstamos que se conceden entre sí las entidades bancarias. Así, si el mercado precisa dinero para consumir o invertir los préstamos se concederán en condiciones más duras, por la sencilla regla de la oferta y demanda. Es que cansa mucho ir que el Gobierno es culpable de la subida del Euribor o que el Gobierno no permitirá que lo siga haciendo. Cuando menos resulta una aseveración ignorante.




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