Partiendo lanzas, espadas y lo que haga falta.
La lectura se ha convertido en una cuestión muy peliaguda en mi vida. Las cosas de la vida te llevan a no poderle dedicar más tiempo que el que te permite el sueño entre que te acuestas en la cama y cuando tus ojos empiezan a pesar como troncos. Hablamos de un variable entre cinco y cuarenta y cinco minutos. Además hay que descontar que no tengo que hacer viajes en metro o tren que me regalen unos pocos minutos de lectura. ¡Qué tiempos aquellos de asueto en el tren mientras te dejabas llevar!.
Por otro lado, los géneros literarios a los que recurro cada vez se circunscriben más a la fantasía, ciencia ficción y novela histórica. Una verdadera pena, pero es lo que me sale y me apetece leer en estos momentos. Además, la lectura se ha hecho no sólo selectiva, sino inteligente. Ya no cometo el gran error de mantener la lectura de dos o hasta cuatro libros diferentes. Eso era una verdadera barbaridad porque al final no leías ninguno como debía ser y en el fondo subyace que alguno de los libros que estas digiriendo no te gustan nada en absoluto, pero eres incapaz de reconocer el error de haber hecho esa elección. Mi mujer me ha enseñado a centrarme en uno y reconocer el fracaso en la elección de otros. Ahora hay libros que si no me consiguen decir nada en las primeras páginas los aparco para otro mejor momento.
En concreto quiero comentar el último libro que tengo en las manos y que su característica principal es que es literatura fantástica escrita en español por un autor nacional. Para los que conozcan un poco el género tendrán una percepción bastante clara de que está completamente dominado por escritores anglosajones, básicamente estadounidenses. Pues bien, en concreto Javier Negrete es una excepción.
Hace algún tiempo me subscribí a una colección de ciencia ficción que publicaba el Círculo de Lectores. Su nombre: Albedo. Estaba dirigida por una eminencia en la edición de este tipo de literatura, nada más y nada menos que Miquel Barceló. La colección incluía desde Crónicas Marcianas, pasando por Dune y el Neuromante o Flores para Algernón (¡qué grande!), entre muchas otras. En medio de este mar de joyas el Señor Barceló decidió, por sus santos cojones, meter La Mirada de las Furias, una novela de Javier Negrete.
Como os podéis imaginar –y el que conozca el género y diga lo contrario miente- tuve mis recelos por el origen del escritor. Una sensación de que no podía estar a la altura. Bueno, pues a pesar de eso me decidí a leerla. ¡Qué menos! Si formaba parte de una colección tan buena y Miquel Barceló ponía la mano en el fuego, yo tenía que leerla.
No estuvo mal la cosa. Se notaba un poco la bisoñez del autor. Un poco rígido en ocasiones, ingenuo en otras y, tal vez, poco original en muchas, pero lo cierto es que era cómodo de leer. Sinceramente: no me dejó un excesivo buen sabor de boca, pero plantó las semillas de la esperanza.
Ha pasado el tiempo y Javier Negrete ha escrito mucho más. Le han publicado más, todo dentro del mismo género, e incluso se ha paseado por la literatura infantil, pero ha madurado. Al parecer eso lo han notado los editores y le pidieron que les diese algo. Ël, ni corto ni perezoso, les presentó una vieja obra suya que nunca llego a publicarse cuyo título original era La Espada de Fuego (al parecer Miquel Barceló quiso publicarlo hace tiempo, pero con otro nombre). Unos nueve meses de trabajo le dieron tiempo para revisar, reescribir, retocar, ampliar y recortar la historia de Tramórea, un mundo que nació de un dibujo hecho a mano de un mapa imaginario (¡qué recuerdos de partida de rol que me trae esto!, recuerdos de tabla de madera y cortes brutales de lomo embuchado…) y que fue alimentando en su mente. Un mundo donde la profesión de espadachín es una obsesión y un arte marcial y los magos, son pocos (no más de siete a la vez), pero de poderes realmente grandes (me ha encantado la manera de tratar la profesión de los magos y la magia). En este mundillo secreto y personal, Negrete se ha encargado de meter todas sus obsesiones, gustos y demás vicios. Teniendo en cuenta que es licenciado en filología griega la presencia de referencias a la Grecia antigua son evidentes, a veces en los nombres, otras en las descripciones de las costumbres de los habitantes, de las diferentes culturas, hasta en los ríos o en los nombres de las cosas. También se aprecia en el uso del léxico, pero tal vez para ello deberíais leerlo para daros cuenta especialmente aquellos que hayan estudiado algo de griego clásico. Lo más curiosos al respecto, y frente a lo cual he de confesar mi simpatía, es que incluye a una especie de filosofía-religión-magia basada en los números y en su poder que apesta por los cuatro costados a Pitágoras. Otra obsesión es la forja de espadas y la disciplina marcial en su uso, todo ello convenientemente importado de Japón. Las descripciones de los duelos son realmente novedosas y al parecer nacen de la experiencia del autor con el kendo y el iai.
A pesar de que casi todos los comentaristas del libro se centran en detalles como los indicados o sencillamente hacen referencias a la madurez de la narrativa, de la positiva evolución del autor, o del hecho de que crean que con los pasos que está dando se están abriendo esperanzadores horizontes para este tipo de literatura, pero made in Spain, lo que me ha gustado más, desde mi punto de vista personal, son las veladas referencias a un pasado mítico.
Me explico.
Personalmente tengo un gusto u obsesión creativa con narrar una historia de un tiempo de aspecto pseudo-medieval que en realidad sea el futuro de un tiempo pasado semejante al nuestro o incluso más tecnificado. De un pasado que es complicado de rescatar por las técnicas y la ciencia de ese momento concreto y que las capas de sedimento de la historia ha transformado en algo casi mítico. Tengo la impresión de que Javier Negrete y yo compartimos esa obsesión o fascinación por tal planteamiento. Lo creo en cuanto plantea pequeños guiños al lector un poco avezado en este género. En particular hablo de Cántico por Leibowitz y la historia de los amanuenses que mantenían los libros de un tiempo post apocalíptico como en su momento se encargaron los monjes medievales. Tampoco he de ocultar que a mi tanto este libro como Nausicaa (desde el punto de vista de Hayao Miyazaki), me parecen fundamentales para entender esa fascinación. Hay más, pero éstos son los mejores.
Negrete sabe dosificar el momento en el que hacer referencias veladas a un pasado post holocausto, pero no he podido ver completamente desplegada la unión de ese trasfondo con el contenido de la novela (confieso que me quedan cincuenta páginas y aún no se ve, pero teniendo en cuenta que las mejores quince páginas de Juego de Ender son las últimas, pues como que mejor lo dejo para una próxima actualización). Algo, muy pequeño se deja entrever cuando habla de criaturas deformes por un algo que hacía nacer a los niños con deformidades y a la gente morir en extrañas circunstancias (radiación).
En general, mi impresión es muy buena y creo que Javier es la punta de lanza de la dignificación de este género entre los lectores españoles. Creo que como escritor ha dado y dará mucho de sí porque tiene madera, al menos en lo que está haciendo. Por eso quiero que este post sirva como una lanza partida en su favor y en de quien venga detrás.
Oremos…




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