Reflexiones desde el escusado

Sin lugar a dudas el único sitio donde todos los hombres somos iguales.

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Homo Sapiens Sapiens

02 agosto 2006

Pingüinos con pistolas

No sé si catalogarme como majara integral, loco perturbado o, lisa y llanamente, masoquista sin remedio. Vamos a ver…

Hace algún tiempo, en una de esas en la que cambias de PC porque estás hasta las narices de que no funcione la maquina o que no pare de dar problemas o que veas un precio asequible de un aparato medianamente decente, me dio por liarme la manta a la cabeza. Yo, en mi línea solidaria y rojeril, debía tener alguna fiebre de esas del Creative Commons o del software libre, pero voy y cometo la majadería de pedirle a mi suministrador habitual de material informático que me hiciese el favor de instalar algo, lo que fuera, de Linux. Va y me dice “Mandriva” y yo le respondo “eso lo será tu madre”. Se parte el pecho delante de mí. Instantáneamente me doy cuenta de que me habla de una distro. Claro, yo en aquel momento, pues la verdad, ni idea. Yo quería mi Linux, pero eso sí, bien pegadito a una partición de WinXP de la leche. Siempre mi balsa para flotar en los procelosos mares de la informática. Aunque ahora lo veo más como quien dice “¿qué como me va con la droga? pues me estoy quitando y sólo me meto de vez en cuando…”

Bueno, a los pocos días recibo mi maquinón. Un “peasso” AMD Athlon 64. Un monstruo de la informática (hablamos de hace más de dos años) a un precio no superior a 500 ebros (o neuros, según las versiones) digno de un majadero integral como el aporreateclas que os escribe. ¡Qué orgullo!, ¡qué regocijo!... mi conexión a Internet y la partición Linux/win iban a hacer de mí el tío más friki al este del Tajo.

Primer asalto.

Dejo pasar unos días. Organizo mi Win. Le pongo todas las marranadas habidas y por haber. Que si el firewall, que si el adaware, que si el spybot, que si los limpiadores de registros, que si los antivirus, que si bájate los navegadores (por entonces el Opera y me sigue pareciendo el mejor navegador, aunque donde esté mi zorrito chamuscado tuneado de la leche , que se quite todo), luego el suite de ofimática de turno (como no, openoffice al canto, un reproductor de archivos audio/video de los que me gustan porque nunca me han fallado y me han abierto hasta lo que menos se pudiese imaginar y, como no, mi programilla de mensajería preferido. Todo eso, entre otras muchas cosas, pero todo en la misma línea: freeware.

Ya tenía dado el primer paso. Pues bien… y ¿ahora?. Llegó un viernes por la tarde. Uno de esos que por la razón que sea disponía de unas pocas horas para haraganear. Me quedo delante del ordenador apagado (increíble!!, mi ordenador apagado… nadie se lo podría creer. Un pedazo esclavo hi-tech que trabaja más que una cadena de producción china de pikachus piratas. 24/7). Miro de reojo el botón de arranque. Medito. Sufro. Titubeo. Voy y aprieto el botón… me tiembla el pulso…arranca el LILO… me dice que si Linux o Win… joder, que complicado… menuda decisión. Me aprieta y me apremia con un contador 3, 2, 1… pero ¿no tiene piedad esta maquina?, ¡qué manera de hacerme sufrir!. Voy y marco la opción. Ya está. Ya ha pasado. Pasó. Hecho. Listo. Ya…

Suena la musiquilla relajante de bienvenida de Win.

Me voy a leer los manualillos que me he descargado de Internet. Los clásicos “Linux para torpes”, “Linux básico”, etc… Al rato se me acaba la lectura. Ya está. Estoy listo, preparado para lo que sea, soy una maquina perfectamente engrasada. Mi mente funciona ahora con cero y unos. Todo está listo.

Ya me sé la historia del Linux de cabo a rabo… espero que con eso sirva.

Reinicio.

Segundo Asalto

Vuelvo al LILO. Esta vez va en serio. Acabo de elegir Mandriva y me está pidiendo una clave. Recuerdo las instrucciones que me había dado el instalador del soft. Meto la clave y pa’ dentro.

Bueno, no parece para tanto. Tiene un montón de cosas y básicamente es igual que win. Hay bastantes cosas que no soy capaz de reconocer, pero todo se andará. Trasteo para arriba y para abajo. Jolín, si tiene un montón de programas de mensajería y hasta 4 navegadores diferentes. Vamos, la releche. Eso sí, todo bastante feo. Me recuerda, al menos la configuración que he elegido, al Mac viejo que teníamos en la Escuela d Práctica Jurídica. Unos mostrencos coquetos y minúsculos que con el tiempo me han recordado lo bello del origen de la informática para usuarios como yo. Recuerdos de un ratón de un solo botón. De monitores de fósforo encastrados en la CPU. De teclados duros, pero cómodos. Una clara alusión a lo que es verdadero fin (al menos eso creo que debería ser) la informática… Humana

Pasan los días y luego las semanas y cuando han pasado unos meses me he metido en Linux. Lo cierto es que no hago grandes cosas, no sé instalar aplicaciones, no puedo actualizar. Nada. Sólo con trastear un poco y ver como funcionan algunos programas me es suficiente. Le dedico unas horas cada viernes, pero todos los días regreso a ese remanso de paz que es el Win, con todas sus limpiezas de malware, con los ataques de virus, con la basura del MSN, etc… Después llega el aciago día. Llega el “MastaHacka” .

Ya la hemos cagado.

Al parecer viene con la sana intención de cambiarme la distro Linux de turno y ponerme una más a su gusto. Una de esas en las que él está más metido y que si tengo un problema podrá auxiliarme con mayor facilidad. La condición del acuerdo es bien sencilla “todo lo que quieras, pero el XP lo quiero a la voz de ya”. El fin de semana se acaba reduciendo a un continuo ir y venir con el PC. Que si descárgate los discos de arranque del Slackware, que si dime los aparatos que lleva en las “tripillas” tu maquina, vamos, que no salimos para nada, ni vemos nada digno de visitar. Linux fulltime. Vale, dimos un salto el último día y nos plantamos en Tembleque a ver la plaza del pueblo que es muy chula y de paso nos tomábamos un cafecillo en un bareto muy chulo que para más cojones se llama “El Vizcaíno”. El “MastaHacka” se hace unas fotos con la mega cámara digital importada de Malasia y nosotros nos ponemos por medio para joderle esas bonitas panorámicas que tanto le gustan y que acaban con comentarios en su blog personal del estilo: “no estabas allí”, “te lo has bajado de alguna web…”

Llegan las primeras malas noticias.

Aunque cada día estoy más seguro que fue una clara conspiración para asesinar al pequeño fanático de Windows que todos llevamos dentro, el “técnico” me informa que por una siniestra casualidad no será posible instalar Win en una de la particiones. Vamos, si ésto no huele a conspiración tal vez me tenga que poner a escribir reportajes sobre el 11M en el diario “El Nauseabundo” (o ¿era El Mundo?) o hacerme un blog en el periodista digital. ¿Estará en broma?. Pues parece ser que no. De hecho, así se ha quedado el PC desde entonces y no sabes como jode tener medio disco duro ocioso.

Bueno, pues ha ido pasando el tiempo y creo que he mejorado bastante. La cuestión es si bastante es suficiente. A lo largo de todo este tiempo he de reconocer que no he vuelto a tener problemas con la estabilidad. Ya no hay momentos en los que si quiero arrancar un programa tengo que ponerme a la pata coja con el dedo meñique de la mano izquierda tocarme la punta de la nariz y decir alguna frase mágica para conseguir que no se produzca un bloqueo o lo que sea. De los virus y del malware ni hablamos. Poco a poco había conseguido adaptar mi mundo win a un mundo Linux. Todo muy sencillo y muy cómodo, menos cuando había que hacer alguna cosilla rara, pero siempre he podido encontrar la salida, excepto en lo que se refiere a tocar el kernel o incluir la partición del disco duro que me ha quedado fuera de juego al no haberse instalado win. La perenne sensación de falta de control, una especie de desasosiego generalizado (o eso o son gases) me han hecho dudar más de una vez. Volver a meterme una dosis de win (de la cual estoy bastante nutrido en el trabajo) y respirar el aire contaminado. No sé como, no me afecta, consigo vivir a medio camino de una manera natural y, por momentos, empiezo a sentir que los procedimientos, las rutinas de Linux (al menos de KDE) y el software que le rodea han tomado un lugar cada vez más importante. Una percepción de que en mi maquina todo es más fácil, más práctico y que tengo de todo, cosa que me falta en win (será porque no tengo un pirata que me pase software con win?).

Pues ya tenemos el tercer asalto y todavía sigo de pie.

Pues las cosas parece que se quieren complicar. Mi cerebro, en una demostración más de que es un ente autónomo del resto de mi cuerpo, ha decidido dar un paso en otra dirección. Tomar el control con más fuerza y dar uno más. He decidido instalar por mi cuenta UBUNTU .

Os iré poniendo al día.

Oremos….